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No es una mera información, no la leáis de paso. Percibid su energía, leyéndola pausadamente. En el silencio se os abrirá la Verdad.

Misterio Espiritual

Autobiográfico

Abogado de Su Divina Majestad

Personajes:

1. Dios Absoluto

2. Angel

3. La Virgen

4. Abogado de Su Divina Majestad

5. El Iniciado-Guerrero-Abogado del hombre

6. Anciano (sacerdote en su anterior reencarnación)

7. Espíritu del Viento

8. Cisne

9. Defensor del Iniciado

Acto Primero

Humo espeso y liviano en el escenario. En el centro, un niño con vestimenta de lienzo está sentado al lado de una hoguera ardiendo. Contempla las llamas, juega. (En caso de una versión cinematográfica, rodar planos de niños y adultos de diversas edades -2, 4, 7, 12, 18, 25, 30, 33, 35, 42, 50 y 60 años-, deteniendo finalmente la cámara en el rostro de un viejo.) El El Iniciado-Guerrero-Abogado del hombre hace entrada. Lleva también vestimenta de lienzo. Camina ayudándose con un cayado. Se acerca a la hoguera. Se sienta, echa leña y sopla contra las llamas. Cuando el fuego cobra una mayor intensidad, se concentra en él y reflexiona en voz alta.

El Iniciado-Guerrero-Abogado del hombre:

- ¿Quién soy? ¿Para qué me hizo el Creador? ¿Para qué me han dado mi esencia? ¿Dónde está la verdad y cómo la encuentro?

Suena el trueno y El Iniciado-Guerrero-Abogado del hombre tiene una Iluminación: se le da el conocimiento de sus vidas anteriores.

Aullidos de un lobo.

 

El Iniciado-Guerrero-Abogado del hombre:

- Fui lobo solitario, habité en el bosque. ¿Tenía el alma lupina? Aullaba ignorando cuál era mi razón de ser y qué fuerza me hacía vivir en constante movimiento. ¿Qué Autoridad me mandó a existir? Aquélla, bajo cuyo poder me hallaba y de la que abrigaba ciertas esperanzas.

¿Aguardé la muerte, como antes había esperado mi turno para nacer? Dominaba el lenguaje del reino animal y las leyes lupinas. ¿Por qué me tocó ser fiera, primero, y hombre, después? ¿Qué fuerza me hacía sobrevivir, obligando a matar a otros seres cuando tenía hambre, devorar con avidez los cuerpos en los que aún latía la vida?

¿Qué fuerza de la naturaleza me condenó a ser tan cruel y vengativo?

Acto Segundo

El Iniciado-Guerrero-Abogado del hombre coge una calavera humana en las manos.

El Iniciado-Guerrero-Abogado del hombre:

- Tiemblo al pensar que esta calavera me perteneció en la vida anterior. ¿Puede uno imaginarse que en otros tiempos hospedó un cerebro, que reflexionaba, analizaba, comprendía? ¿Los ojos que veían, contemplaban, percibían la vida? ¿La nariz que aspiraba los olores del mundo circundante? ¿Los oídos que atendían a la respiración de mi Alma, captando diversos sonidos que me recordaban que yo existía en este mundo? Aquí tuve la lengua, que pronunciaba dulces palabras, salidas del Alma. Y aquí habitó el Alma, con la que amaba, sentía alegrías y dolor, sufría, creía, me desilusionaba, me entristecía, añoraba, deseaba y experimentaba otros estados diferentes y la pasión por muchas mujeres. A veces, ofendía. ¿Dónde estarán ellas, en los Cielos o en la Tierra? Aquí confluían dos mundos: el espiritual y el terrenal. Aquí se acumulaba la fuerza espiritual y aquí, la terrenal y así nacía la razón, gracias a la que gocé de entendimiento, permaneciendo en el estado de la eterna realidad, viví creando, sin reparar en la muerte. Yo detestaba la muerte y no admitía que podría morir, dejar de existir. Ocurre que el cuerpo es perecedero y se nos da sólo por un tiempo. El Alma y el cuerpo los percibimos como un todo único. Pero, debido a que el Alma permanece en estado de eternidad, nos parece que nuestro cuerpo también es eterno. Ahora, estoy viejo, pero en otra época, cuando fui un joven, no me imaginaba que la vejez me alcanzaría. Lo mismo que hoy me parece increíble haber poseído un cuerpo del que no queda más que esta calavera, mientras que el cuerpo se descompuso, convirtiéndose en polvo, y como si no hubiesen existido ni el cuerpo, ni la vida, ni el tiempo. Todo despareció al instante. He aquí en mis manos una calavera hueca, inanimada, por la cual atravesé una fase en la evolución de mi Alma. La Razón abandonó este cuerpo, pasando a la Eternidad. Y ahora, ¿qué? Sólo en esta vida, tras tantas reencarnaciones, se me han entreabierto las puertas del Secreto del Universo. Y esperé mucho para obtener un nuevo cuerpo de recién nacido.

El Iniciado-Guerrero-Abogado del hombre:

- Y en esta vida, soy un Profeta desesperado. Y ahora, ¿qué? Nacido de nuevo, me he enterado de que existí y morí en muchas ocasiones, como cualquier individuo. ¡Pero otros no se acuerdan de sus reencarnaciones! ¿Por qué la memoria humana no conserva los estados de la vida anterior? ¿Por qué el hombre no recuerda al nacer que su Alma estuvo en la Eternidad a la espera de un nuevo nacimiento?

Acto Tercero

En el vacío

Humo espeso y liviano. El Iniciado sigue caminando y reflexiona dirigiéndose a los Espíritus del Tiempo y los Vientos.

Llama a los Espíritus, recitando versos.

El Iniciado-Guerrero-Abogado del hombre:

- ¡Espíritus del Viento, llevadme al Guardián de los Arcanos de la Eternidad! ¡Yo ansío conocer la Eternidad!

Aparece el Espíritu del Viento y se lo lleva al espacio. Mientras vuelan, se les cruza un Cisne que dice al Iniciado con voz humana.

Cisne:

- Te has olvidado que fuiste cisne, un ave con alas, y volaste alto en el cielo. Cuando tu alma se regocijaba con el vuelo, un hombre te cazó y caíste muy bajo desde lo alto, desangrando.

El Iniciado-Guerrero-Abogado del hombre:

- Aquélla fue Voluntad de Dios.

Acto Cuarto

En los Cielos

El Iniciado-Guerrero-Abogado del hombre baja al escenario, cubierto de nubes y humo espeso y liviano. Ve a un Anciano sentado y se le acerca a él y lo saluda con una reverencia.

El Iniciado-Guerrero-Abogado del hombre:

- ¡Paz a vosotros!

Anciano:

 - ¡Paz a ti! ¿Por qué estás tan abatido? ¿Adónde vas con tanta prisa? Cálmate, no te atormentes. Te hallas en el mejor de los estados, el de la búsqueda de la verdad. Buscándola, sientes nuevos estados, por los cuales llegas a diversas sensaciones. Y yo permanezco aquí, sumido en la Eternidad, comprensivo para con todo en el vacío silencioso de la eterna realidad.

El Iniciado-Guerrero-Abogado del hombre:

 - ¿Qué falta hace experimentar todos los estados? ¿Qué me da esto?

Anciano:

 - Te revelaré el secreto, pero recuerda que ¡es un secreto para elegidos! No se puede abarcar lo inabarcable. Tu camino hacia mí ha sido largo, plagado de pruebas. Te daré la explicación y tú, presta oído y escucha. Ahora están contigo las mujeres a las que amaste en la vida anterior. Una es tu madre. Otra, a la que adoraste más que a todas, es tu hija. Otra, a la que ofendiste, es tu esposa. Otra, a la que negaste la reciprocidad, es tu hermana.

Transmigrando, el Alma realiza una multitud de diversas reencarnaciones, en las que choca con la resistencia de diferentes espíritus de la prístina naturaleza, y pasa por diferentes estados, gracias a los cuales cobra su fuerza espiritual, logrando las supremas vibraciones del Reino de Dioses:

El Anciano no termina la frase. Aparece un Angel que dice.

Angel:

 - ¡Ojo! No le reveles el Secreto del Universo. No ves que padece el olvido, va contra la voluntad de la naturaleza misma, contra la vida que le ha sido dada por Dios. No desea aguantar todas las pruebas, ansioso de interrumpir el plazo de su presencia en el planeta La Tierra, lo que es un pecado. Da mal ejemplo a otros, sembrando los estados de muerte prematura en las almas.

El Iniciado-Guerrero-Abogado del hombre:

 - ¡¿Yo padezco el olvido?! ¡¿Yo siembro los estados de muerte prematura en las almas humanas?! O serán Ustedes quienes les cortan la vida desde el cielo, sin haberlos avisado previamente. Hay que avisarlos de su muerte porque ellos se acostumbran al mundo en que viven, lo mismo que Ustedes se acostumbran a la Eternidad. Ustedes menosprecian la dignidad de los hombres, sus almas, mientras hablan de la libertad de elegir. ¿Dónde está esa Libertad? ¿No serán la propia vida y las condiciones que nos impone las que siembren estados aún peores en la gente: asesinatos de sus semejantes, saqueos, violaciones, pensamientos inmundos de envidia, odio, rencor, hipocresía, engaño y traición? Si yo padezco el olvido, ¡a vosotros os achaca el silencio! ¡Vivís en la sordera del vacío eterno! No tienen la menor idea de la vida humana, ni de sus dolores físios y espirituales. Morando en los cielos, al margen de los problemas y preocupaciones terrenales, os es fácil filosofar sobre la vida en la Tierra, donde se libra una interminable lucha entre el Bien y el Mal, donde imperan las leyes contrarias al Espíritu humano de la Bondad y que provocan a pecar. Todos los dogmas existenciales obligan a ser rencoroso al hombre. Las reglas de la vida le obligan a mentir. El hombre tiene que ser malo para adaptarse, para sobrevivir, y no le queda ningún resquicio para que pueda existir sin engaño. Afirmáis que es necesario para lograr las supremas vibraciones. Bien. Tú, Angel Celestial, intenta vivir en la Tierra. Te arrancarán todas las plumas y te quebrantarán las alas. Ya miraré cómo volverás al cielo. Te arrastrarás por tierra como un reptil, igual que los demás. Como dicen en la Tierra: nacido para reptar, nunca alzará el vuelo. Y tú, Anciano santo, baja de las nubes a la Tierra, donde no tendrás techo sobre tu cabeza ni condiciones confortables, sufriendo el hambre y la miseria, donde tu vida estará llena de tentaciones, donde constantemente pagarás un precio por todo lo que poseas.

La gente se busca el alimento y no sabe dónde y cómo hallar la manera de sobrevivir. A vosotros, en los cielos, no os falta el sustento espiritual, lo tenéis en abundancia, absorbiendo el espíritu puro y respirando con el Espíritu de Dios. Vivís acogidos por las leyes de la Razón Suprema, sin la mínima preocupación que pueda alterar el sosiego de vuestras grandes almas. Lo afirman porque nunca han experimentado en su propia carne lo duro que es la vida humana.

El Anciano coge la palabra.

Anciano:

 - Te repito que en las arduas pruebas, entre el dolor y los sufrimientos, el Alma crece y va al encuentro de la Luz. A la humanidad le está predeterminado el sufrimiento, porque puede aficionarse a la vida mundana y los placeres de la naturaleza física.

El Iniciado-Guerrero-Abogado del hombre:

 - Intentad sobrellevar las pruebas tan duras, abatiéndose en el dolor y los sufrimientos que me atormentan y que desgarran mi Alma sumiéndola en la desesperación.

Cuando dependes de tu carne y las condiciones en que vive tu Alma.

Cuando eres esclavo de las necesidades y los deseos de tu cuerpo, dominado por las leyes injustas y las arduas condiciones de vida en la Tierra. Meteros en mi pellejo y vivir en mi situación.

Anciano:

 - Como El Iniciado-Guerrero-Abogado del hombre, ¡debes mostrar tu resignación! En cuanto a mí, ya recorrí este camino, sacrificando mi vida a otros. Atravesé por los dolores del sufrimiento y la maldad que me perseguían, sin dejarme en paz por un solo instante, embotando mis sentidos con alucinaciones, tentándome con los placeres sexuales y los bienes de la riqueza material hasta el fin de mis días, poniendo mi alma del revés. Yo bregué por mi buen alma, impidiendo que el espíritu del mal se apoderase de mí. Yo aguanté y recé, resignado. Me sumergía en las profundidades de mi Alma, donde habita la poderosa fuerza de Dios Mi Padre y que me dio la Fe y la Esperanza. Llevé mi cruz hasta el final. Y tú estás poseído por el espíritu del mal. Su veneno corre por tus venas. De ahí viene tu enfado, has perdido el equilibrio que dan las corrientes de la energía del bien.

El Iniciado-Guerrero-Abogado del hombre:

 - Sí, poseído estoy. Me he contagiado con el dolor de los hombres. Los hombres, al sufrir irradian sus estados, contagiándose todos con el mismo dolor. A causa de las duras condiciones de vida, se hallan en estados de desesperación, vacío, olvido y miedo. Sienten un poder sobre ellos, un poder que los domina. No quiero ver más sus interminables sufrimientos. Añoro la libertad. No quiero ser esclavo apresado en el cuerpo. No quiero vivir en las cadenas que aherrojan mi independencia espiritual, cuando no está al alcance de mis fuerzas hacer algo por la gente.

Anciano:

 - ¿Pretendes rehuir la responsabilidad? A ti te han iniciado en los arcanos del Reino de Dios. ¡Deberás llevar este fardo, no hay vuelta en tu camino!

Aparece el Espíritu del Viento (se oye el soplo del viento).

El Viento:

 - Vengo a por ti. ¡Date prisa! Las puertas espaciales al planeta Tierra están a punto de cerrarse.

El Iniciado-Guerrero-Abogado del hombre:

 - ¡No! No quiero volver a la Tierra, donde no hay justicia, donde sientes el yugo de los contratiempos y te encuentras encadenado por las leyes del Demonio, donde todas las leyes están redactadas como conviene a ellos. Esas leyes sirven sólo sus intereses. No hay un atisbo de luz, donde a la joven generación se embrutece con estupefacientes.

Anciano:

 - Te he dicho: ¡Aún no es hora! ¡Sigue a las Leyes del Universo!

Pese a su deseo, una poderosa fuerza natural levanta al Iniciado y lo lleva por el aire a la Tierra.

Acto Quinto

Volando en el vacío

El Iniciado-Guerrero-Abogado del hombre:

 - ¡Oh, Dios! Estoy cansado de vivir, morir y nacer; separarme de mis seres queridos; desacostumbrarme de una vida y acostumbrarme a otra. Morir y volver a nacer. Sin pedirme permiso, se me quita una vida, para darme otra. Mi Alma no soportará tanto suplicio. Es cruel con respecto al hombre.

Defensor del Iniciado-Guerrero-Abogado del hombre:

 - Tú has entrado en el mundo y en el cuerpo que tiene karma por naturaleza propia y el mundo adolece de la falta de armonía. En el proceso de la lid del Bien con el Mal, entre las energías positivas y negativas, la polaridad de estos potenciales engendra la relatividad que mueve a la conciencia. En la naturaleza del mundo físico, dos cargas eléctricas producen el campo electromagnético, que influye sobre todas las partículas cargadas, poniéndolas en movimiento e imprimiéndoles velocidad.

La Virgen:

 - Las Almas se infiltran en los cuerpos físicos de los recién nacidos y las condiciones de vida y las leyes transforman las Almas inocentes. No resisten a un contraste tan brusco de las dos fuerzas opuestas como el Bien y el Mal.

Abogado de Su Divina Majestad:

 - ¿Qué discusiones tenéis por aquí?

El Iniciado-Guerrero-Abogado del hombre:

 - ¿Quién eres?

Abogado de Su Divina Majestad:

 - Soy Abogado de Su Divina Majestad. Te escucho.

El Iniciado-Guerrero-Abogado del hombre:

 - Quiero que lleguen a Ustedes los sufrimientos de los hombres. Quiero saber por qué no puedo seguir a mis deseos. Quiero saber qué sentido tiene la evolución de mi alma. ¿Para qué se necesita nacer y morir en tantas ocasiones? ¿Por qué no se admite que todo se haga en una sola vida: recorrer el camino de una vez y no permanecer largo tiempo en el olvido?

Abogado de Su Divina Majestad:

 - No es tu vida, sino que la vida en que eres un inquilino. La conciencia, con la que piensas; el Alma, con la que sientes diferentes estados; la fuerza, que te da movimiento; los cuerpos, en los que has vivido y evolucionado, muriendo y naciendo; el corazón espiritual imperecedero, que te permite moverse por el espacio y el tiempo; el suelo, por el que andas superando la gravitación de la Tierra y te desplazas de un espacio temporal a otro; el Espíritu de la Vida, con el que respiras; la Luz que te ilumina; toda la naturaleza que te proporciona los bienes, pertenece al Altísimo. La Libertad, el Amor, el Bien y la Luz, que impregnan la esencia que tú percibes como personalidad tuya, todo es de Dios. Tú careces de individualidad. Tú eres hechura del Divino y has de servirle. Para todo está la Voluntad de Dios Soberano del Universo.

El Iniciado-Guerrero-Abogado del hombre:

 - ¡Voluntad del Soberano! Y ¿dónde está mi voluntad, la que yo percibo como mía? Entonces, ¿para qué se me da el estado, por el cual yo siento mi identidad? Yo soy rey de mi naturaleza. Yo quiero gobernar a mí mismo, defendiendo mi personalidad.

Viene el Angel, volando en un carro.

Angel:

 - ¡Chisss:! ¡Callaos!

¡No provoquéis la Ira Divina!

 No sea que lo despertéis, el Soberano duerme.

Idos cuanto antes de aquí.

 Tú no tienes voluntad propia, existe una sola voluntad, la de Dios.

 El Iniciado-Guerrero-Abogado del hombre, acongojado, vuelve a la Tierra. Levanta la cabeza y clama al Cielo.

El Iniciado-Guerrero-Abogado del hombre:

 - Dios Señor Mío, ¿dónde estás? ¿Me oyes? Si querías desgarrar y mutilar mi alma, que siento como propia, ¡lo conseguiste!

Quiero disolverme en la nada. Dime, ¿para qué me has concedido la vida?

¿Para qué existe el Mal, si ya tenemos el Bien? ¿De dónde viene el Mal? Mi alma detesta todos estos horrores y pesadillas. Es vejatorio para el hombre. Yo no quiero una vida así, en la cual me someten a interminables sufrimientos, donde no se le ve el fin a las luchas entre el Bien y el Mal y las luchas de las relaciones interpersonales, envidias, contradicciones de la naturaleza, reacciones contrarias. ¿Quién tiene la culpa de ello?

Si me culpas de algo, explícame por qué sufre el hombre. ¡Indicarme el camino por el que podré llegar a la Verdad! Te cobijas en el silencio, Dios Avva-Padre, porque nunca has sido hombre. Tú eres implacable, cruel, insensible y frío. Hasta Tu Razón Suprema, gélida, no llegan los sufrimientos humanos, ni otras sensaciones y emociones, ni los aullidos de los lobos. Tú haces al hombre y lo abandonas al arbitrio de la suerte, exponiendo su vida a constantes peligros que lo acechan por todas partes y sometiéndolo a pruebas que lo dejan extenuado. ¡Qué fechoría!

Caminas tranquilo y, de repente, te muerde una víbora, o un malvado te quita la vida sin piedad, o un rayo, o el fuego, o una guerra.

El Iniciado-Guerrero-Abogado del hombre desenvaina la espada con la intención de quitarse la vida.

Entre truenos y relámpagos, Dios hace su aparición en el Cielo.

Dios Absoluto:

 - El clamor de tu ánima conmueve al Universo. Tu súplica ha llegado a lo hondo de Mi Alma. Cálmate y no te acongojes, Hijo Mío. ¿Acaso creas que, dando muerte a un cuerpo, te liberarás del Alma inmortal, la Evolución del Espíritu y la Misión que se te ha encomendado?

¡Presta oído y escucha!

Te revelaré el secreto de Mi Nacimiento, el de Mi Alma Inmortal y el del origen del Mal.

¡Presta oído y escucha!

En una época remota, en la que Yo, Dios Absoluto, ¡Aleluya!, integrado por una estructura de campos capaz de extenderse hasta el infinito, Yo que emano la Luz, la Bondad y el Amor, nacía en el proceso de la dilatación y compresión de los espacios, positivos y negativos, y las interacciones bioquímicas y biológico-espirituales; se hizo patente la polaridad-relatividad, que se separó dividiéndose en los entes espiritualmente ricos y pobres y se instaló en diversos espacios del tiempo, replegados y desplegados, tanto reveladores y reflectantes como no reveladores y no reflectantes.

Alejándose de Mí en diferentes sentidos y uniéndose en interacción, adquirían distintos estados, en los que engendrábanse y reflejábanse los mundos de fuerza, creativos y destructivos, tiñiéndose con los variados matices de la Luz y la Sombra.

Surgían mundos luminosos, con volumen y perspectiva, y sujetos que se creaban y separaban, se unían y destruían. El mezclamiento de diversas energías dio por resultado la formación de los cuerpos sólidos, sujetos de diferentes formas e imágenes, estados y tipos de energía cualitativamente novedosos, y engendró a nuevos sujetos pensantes, negativos y positivos, lo cual trajo como consecuencia las divisiones jerárquicas, la oposición del Bien y el Mal, la Luz y las Tinieblas, cuando los entes destructores, malvados, pérfidos y egoístas de los mundos oscuros empezaron a separarse más y más de Mí y de la Luz, poniéndose fuera del alcance de Mis Rayos.

Una barrera multisecular impedía que los mundos oscuros, velados, entraran en interacción Conmigo al nivel de las vibraciones resonantes.

Estos mundos se expandieron penetrando en los espacios temporales: estrellas, planetas y objetos biológicos.

El planeta Tierra viene a ser uno de estos mundos conquistados. He mandado allí a muchos de mis hijos.

Todos ellos tomaron las muertes más crueles, en el crucifijo o en la hoguera.

Yo, Dios (¡Aleluya!), permanezco en el Amor, la Bondad y la Armonía y no puedo alterar mis grandísimos estados del Amor y la Bondad.

El odio, la destrucción, el exterminio y la venganza no me son propios. Yo, quien acaparo y ostento el poder, sin dejar que mi poder me domine, sin someter a mi poder a nadie y sin que nadie me someta a su poder, puesto que nadie puede poseer poder sobre Mí. El que presume tener el poder, se ilusiona. Yo soy el Rey. Como Señor Omnipresente, adoro la Libertad.

Tras largas meditaciones, he hecho a ti, tu ente (el vacío), por el que puede pasar cualquier (todo) tipo de energías, sin perturbar la esencia originaria. Para que asumas los sufrimientos sin sufrir, quemes los pecados sin convertirte en pecador, castigues el mal sin caer en la saña y triunfes enfrentándote a las maldades.

Y los que deseen darte muerte, aniquilarte, se exterminarán a sí mismos; los que se opongan a tu fuerza, perderán la suya; los que te vean, verán también; los que te oigan, creerán en Mí; los que te traicionen, quedarán sin la fuente de Mi Espíritu; los que traten de engañarte, se sumirán en la miseria; los que te manchen, arderán en llamas; los que te ofendan, no gozarán de alegrías; los que intenten impedir que lleves Mi Luz, se convertirán en polvo. 

Los que te ayuden, serán recompensados.

Que nunca se agote en ti Mi Fuerza de la Luz y que despiertes y liberes a las personas, poseídas por el ruin Espíritu de la Esclavitud y el Mal, sembrando en ellas Mi Alma Luminosa.

Gracias a ti, tendrán la salvación. Sin ti, la Tierra se ahogará en la Maldad.

Tú debes llevar tu cruz con dignidad. Yo te daré el poder de Mi Espíritu y Mi Voluntad.

Tú desbrozarás el camino a la Luz para todos los mundos extraviados. Salvarás al planeta, curarás del mal las almas y las sacarás del atolladero. Indicarás el camino a la Luz.

Te espero con muchas ánimas salvadas por ti en Mi Reino de la Luz, el Amor, la Bondad y al Armonía, donde podré estrecharte fuertemente contra mi pecho, donde te unirás Conmigo, donde serás Yo: la Luz, el Amor, la Bondad y la Armonía.

El Iniciado-Guerrero-Abogado del hombre cae de rodillas.

El Iniciado-Guerrero-Abogado del hombre:

- ¡Perdona y absuélvame, Señor!

No te molestaré jamás.

¡Avva-Padre, me entrego a Tu Voluntad!

¡Te agradezco Mi Soberano,

Mi Dios,

Mi Luz!

Su Divina Majestad desaparece.

El Iniciado-Guerrero-Abogado del hombre permanece en trance.

 solomonia2007@gmail.com